Pablo Jiménez

Todas las noches, más de sesenta niños, jóvenes y adultos se toman la plazoleta de la Alcaldía de Arauca para aprender de música y danza, y no porque la ciudad no tenga un teatro, sino porque no cabría tanta gente en su escenario. *Foto por: Carlos Barragán
El repicar de los tambores, gaitas y llamadores está tatuado en la piel de Pablo Jiménez, un araucano ciento por ciento, como sus otros músicos, pero con una alta influencia caribe y pacífica que viene de padres y abuelos. "Aquí se baila cumbia, porro, currulao, pasillo, bambuco, guabina o joropo, pero también se aprenden valores, como el respeto, la puntualidad, la sinceridad y dedicación y la lealtad", dice Jiménez. Afirma que las nuevas generaciones quieren experimentar otros ritmos, como el reguetón, el rock, el pop o la salsa choque, y es en ese momento cuando les ofrece, a manera de negocio, permitirles bailar esas expresiones, pero anteponiendo los ritmos colombianos como su prioridad artística. El sueño de Pablo "Tambor" Jiménez, como se le conoce en Arauca, es que sus muchachos puedan llegar al interior del país y sean profesionales como músicos y bailarines, ya que esta es la única forma de garantizar el relevo generacional de los líderes culturales de la región y el país.
Todas las noches, más de sesenta niños, jóvenes y adultos se toman la plazoleta de la Alcaldía de Arauca para aprender de música y danza, y no porque la ciudad no tenga un teatro, sino porque no cabría tanta gente en su escenario.