Lucia Bonilla

El corazón de Lucía es enorme, tanto que en su propia casa tiene un jardín infantil y escuela primaria para los niños más humildes de Popayán. No es un jardín corriente, ella lo llama la Fundación Artística El Dancing, donde además de estudiar, los niños también bailan. *Foto por: Mónica Rincón
Tiene estudiantes del campo, de la ciudad y de resguardos indígenas. Este lugar no es una escuela cualquiera porque, entre otras cosas, Lucía recibe a los niños que les han negado el cupo en cualquier otra institución, sea porque tienen dificultades de aprendizaje o porque sus padres no tienen para comprar el uniforme, los colores o los cuadernos. Ella vive en función de los estudiantes, cuando terminan las clases, Lucia tiene una hora para almorzar antes de que lleguen niños de otras escuelas o de su mismo jardín a refuerzo escolar. Sostiene su fundación alquilando trajes de quinceañeras que ella misma confecciona y se siente orgullosa cuando cuenta que lo ha hecho así por 30 años y que ha sido la maestra de más de 1.000 estudiantes.
El corazón de Lucía es enorme, tanto que en su propia casa tiene un jardín infantil y escuela primaria para los niños más humildes de Popayán. No es un jardín corriente, ella lo llama la Fundación Artística El Dancing, donde además de estudiar, los niños también bailan.