Jeny Castañeda

La vida de esta mujer, nacida en Puerto Triunfo, Antioquia, cambió ese 17 de septiembre de 2001, cuando apenas tenía veinte años de edad, y paramilitares, al mando de Ramón Isaza, asesinaron a su mamá, Damaris Mejía. Desde ese día Jeny Castañeda, en una valerosa actitud, decidió denunciar el crimen en un lugar en donde por miedo nadie reclamaba sus muertos. *Foto por: Carlos Barragán
Con la desmovilización de las autodefensas y la puesta en marcha del proceso de Justicia y Paz, esta mujer comenzó a pedir la verdad, hasta que en una audiencia, Isaza aceptó que la madre de Jeny fue su víctima número quinientos diecisiete, de un total de seiscientos homicidios. En su corazón solo existía la palabra odio, hasta que un día, dice ella, a través de un sueño, su mamá le pidió que perdonara a sus verdugos. Hace tres años, en una ceremonia en la capilla de la penitenciaría de la Picota, en Bogotá, Isaza y doce de sus lugartenientes le pidieron perdón a Jeny y su familia, y afirmaron que esta muerte, como muchas otras, fue una grave equivocación. Desde entonces, Jeny Castañeda se ha dedicado a asesorar y orientar a todas las víctimas del conflicto armado para que se les reconozca sus derechos. Semanalmente da charlas a jóvenes y adultos del Magdalena medio sobre la necesidad de saber la verdad, para perdonar y allanar los caminos de paz.
La vida de esta mujer, nacida en Puerto Triunfo, Antioquia, cambió ese 17 de septiembre de 2001, cuando apenas tenía veinte años de edad, y paramilitares, al mando de Ramón Isaza, asesinaron a su mamá, Damaris Mejía. Desde ese día Jeny Castañeda, en una valerosa actitud, decidió denunciar el crimen en un lugar en donde por miedo nadie reclamaba sus muertos.