Gilberto Espitia

Este mayor retirado de la Policía Nacional y copropietario de una empresa de seguridad dice que la única motivación que tuvo para crear un centro de refuerzo educativo para niños en condición de discapacidad visual, nació de la decisión de ayudar a quien lo necesita. “Si uno llegó a este mundo bien y completo, por qué no ayudar a quien lo necesita”, sostiene el ex oficial
Cada quince días su empresa, ubicada en el norte de Bogotá, se convierte en un colegio al que llegan más de cuarenta jóvenes, en su mayoría del sur de la ciudad, para recibir clases de escritura braille, música y manualidades. Sus maestros son profesionales en docencia especial, como la licenciada Bibiana Barrera, quien también es ciega. Aunque algunos amigos y empresarios financian parte de su iniciativa, Espitia dice que él prefiere no recibir donaciones en efectivo, sino que invita a esas personas para que paguen directamente los proveedores o a quienes prestan servicios, como el transporte de los niños o la alimentación de los mismos. El sueño de este hombre, que alguna vez formó parte del grupo élite que combatió la delincuencia, es poder financiar el estudio universitario de todos los niños que hacen parte de su fundación.
Este mayor retirado de la Policía Nacional y copropietario de una empresa de seguridad dice que la única motivación que tuvo para crear un centro de refuerzo educativo para niños en condición de discapacidad visual, nació de la decisión de ayudar a quien lo necesita. “Si uno llegó a este mundo bien y completo, por qué no ayudar a quien lo necesita”, sostiene el ex oficial